La leyenda del taxista japonés que desafió los océanos

(Desde: https://www.expansion.com/nauta360/ pre-publicado en EL MUNDO)

Yukoh Tada nació hace 90 años. En Tokio, alternó el jazz y la pintura con el taxi. Aprendió a navegar con más de 30 años y a los 50, entró en la historia de la navegación oceánica al ganar una de las primeras regatas de vuelta al mundo de la historia

Yukoh Tada tuvo tantas vidas que resulta inevitable recordar a Sabina cantando sobre todos los hombres que nunca será. El japonés fue taxista, pintor, músico, marinero, poeta, explorador, constructor de barcos… Y, a diferencia del genio ubetense, Tada no tuvo que escoger entre todas las vidas porque embarcó las suyas en su velero.

Cuando ya pasaba de los 30, aprendió a navegar «para ver música y escuchar colores» y a los 50, ganó la segunda regata de vuelta al mundo en solitario de la historia. Su suicidio en Sídney en 1991, mientras disputaba su segunda circunnavegación, fue considerado por muchos una cuestión de deshonor. Hoy, su discípulo mantiene viva la leyenda de uno de los pioneros de la vela oceánica más singulares y desconocidos.

En 2020, el regatista profesional Kojiro Shiraishi disputará por segunda vez la Vendée Globe, la vuelta al mundo en solitario y sin escalas. Lo hará con el barco Spirit of Yukoh, el mismo nombre con el que fueron botados sus cuatro anteriores barcos. Yukoh fue su maestro y amigo. «Siempre pienso en él, quiero conseguir todo lo que él quería hacer y eso es la Vendée Globe; desafortunadamente él no pudo competir cuando fue invitado por Philippe Jeantot, creador de la regata, y mi deber es completar lo que él no pudo lograr», explica Shiraishi, quien nos ayuda a rescatar la historia de su mentor.

Tada nació en 1930 en Nagaoka, en la costa oeste de Japón. De joven, se alistó voluntariamente en la Armada Imperial Japonesa, pero nunca fue reclutado porque la Segunda Guerra Mundial acabó con la flota nipona totalmente destruida. No tuvo más remedio que ponerse a trabajar en la tienda de ropa de sus padres. Hasta que un día se marchó a Tokio. Quería ser artista.

En la metrópolis, acabó alternando su carrera artística con las carreras en el taxi. Ganaba dinero al volante, pintaba cuadros abstractos en sus ratos libres y aún encontraba tiempo para tocar jazz. Precisamente, la epifanía de Tada se produjo durante la proyección de un documental en el que aparecían imágenes de veleros mientras sonaba el piano de Thelonious Monk. Tada decidió que también quería vivir esa vida en medio de ninguna parte.

Con más de 30 años, ahorró lo suficiente para comprarse una pequeña embarcación de 4,5 metros con la que aprendió a navegar en los fines de semana. Ya a finales de la década de los 60, conoció a un grupo de amigos que construía un barco, el ‘Okera I’ y Yukoh se apresuró a sumarse a los trabajos. Más tarde llegarían el ‘Okera II’, el III, el IV y, finalmente, el ‘Okera V’, el barco con el que el japonés escribió un trozo de historia del deporte de la vela.

En 1975, participó en la regata transpacífica San Francisco-Okinawa y tres años más tarde, formó parte de una expedición japonesa al Polo Norte. El taxi le esperaba siempre a la vuelta de cada aventura, incluso después del desafío más colosal que afrontó: la primera edición de la BOC Challenge (1982-83). No se había organizado una regata tan salvaje desde la mítica The Sunday Times Golden Globe Race (1968/1969) que coronó a Sir Robin Knox-Johnston como el primer hombre en circunnavegar el planeta en solitario y sin escalas. La nueva competición constaría de cuatro etapas, pero el reto seguía siendo feroz.

La presencia de Tada en la competición no pasó desapercibida. «Era un hombre maravilloso, gentil, de voz suave y muy humilde», recuerda el periodista Herb McCormick. El hoy director ejecutivo de Cruising World describió en sus crónicas cómo el navegante solía tocar el piano y el saxofón en su velero amarrado, canciones que él mismo componía en alta mar. O las famosas fiestas que organizaba para sus adversarios, aunque su presupuesto era de los más ajustados de la flota; no en vano, el nombre de su barco significa «bolsillos vacíos». «Era travieso, le gustaba ver las reacciones de las personas cuando hacía algo inesperado o sorprendente. Creo que hizo amigos en todas partes con su sonrisa amable», relata McCormick .

Su barco marrón también despertaba la curiosidad; entre otros elementos inusuales, destacaba una plataforma en cubierta para practicar meditación y una suerte de bauprés (palo de proa), ideado por él mismo como sistema ‘rompehielos’; creía que, en caso de toparse con un iceberg, podría quebrarlo y atravesarlo.

Más allá de exotismos, Yukoh Tada es recordado como muy buen marinero que disfrutaba estando solo con el mar, asegura el periodista estadounidense, quien rememora una de las citas del navegante más célebres: «Decía que en el mar podía ‘ver música y escuchar colores’, lo que para mí significa que Tada pudo experimentar la vida y las sensaciones desde muchas perspectivas, no sólo las obvias».

Contra todo pronóstico, a sus 52 años, el japonés acabó ganando la BOC Challenge en su categoría (Class 2) gracias a una estrategia demencial en la tercera etapa: en pleno océano sur, descendió hasta el paralelo 60, en la zona más próxima a la Antártida, en busca de una misteriosa corriente que, al parecer, encontró para superar a todos sus rivales. Una vez cruzó la línea de meta de Newport tras pasar 270 días en el agua y devorar 27.000 millas náuticas, el patrón resumió la victoria como «la mayor chiripa de mi vida».

La televisión japonesa se hizo eco de la hazaña de Yukoh, pero la popularidad que disfrutó no vino acompañada de patrocinadores que le financiaran nuevos proyectos, así que de nuevo se puso a recorrer las calles de Tokio con su vehículo. Su fama sí valió para que, a mitad de la década de los 80, el joven Kojiro Shiraishi abandonara Kamakura para acudir a Tokio en busca de su ídolo. «Busqué su contacto en las páginas amarillas y tras varios intentos le localicé y acabé presentándome en su casa» con unas botellas de sake que exprimieron esa misma noche.

[Tada, navegando junto a Shiraishi. | ARCHIVO KOJIRO SHIRAISHI]

Shiraishi se convirtió en miembro del equipo de tierra de Tada y en su alumno. Aún recuerda una anécdota que ilustra cómo era su sensei: «Una vez, en el mar, yo estaba luchando para salvar su barco de una tormenta; bajé al interior en busca de ayuda y me encontré a Yukoh cocinando una suculenta comida con una sonrisa enorme. Nunca cuestionó el hecho de estar dentro de una tormenta, simplemente disfrutaba de estar navegando».

Tada estrenó sus 60 primaveras dispuesto a competir en la tercera edición de la BOC Challenge (1990-91). Esta vez, sin embargo, el barco que construyó, el ‘Okera VIII’, presentó varios problemas estructurales. Navegar en él era todo un suplicio. El nipón finalizó la segunda etapa exhausto y lesionado en la espalda, después de que su barco hubiera volcado hasta en cinco ocasiones antes de llegar a Sídney. Los médicos no dieron el visto bueno a su continuidad en la regata y su velero no presentaba garantía alguna. Fue una tremenda decepción para él, que acabó suicidándose. «Creo que su muerte fue en gran medida el resultado de la sensación de haber fallado, de no haber estado a la altura de las expectativas que él mismo se creó. De algún modo, se sintió deshonrado y con una única opción por delante: abandonar este mundo», trata de explicar McCormick.

Shiraishi fue el encargado de recoger el ‘Okera VIII’ y llevarlo hasta Japón, una dura travesía que le sirvió para tener aún más claro su destino: seguir los pasos de su maestro. Yukoh Tada había decidido poner fin a su periplo, pero su recuerdo, su espíritu, sigue hoy surcando los océanos a través de los barcos de su discípulo.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Luis Aracil dice:

    Hay personas admirables. Hay que tener mucho valor para seguir su ejemplo

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  2. jcirera dice:

    Creo que las ilusiones y los retos son las estructuras que nos hacen avanzar, y a veces si no se controlan las emociones pueden también llevarnos a la destrucción. Pero si, hay gente admirable por su tenacidad

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