A vueltas con los sueños. (parte 1)

Hoy 23 de Abril, día del libro, os incluyo la primera parte de este relato marino que he escrito. Lo iré publicando periódicamente, para no perderse ninguno de los capítulos, recomiendo suscribirse al blog.

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Sinopsis

El océano, que es refugio para los amantes de la navegación y cómplice de aventureros, siempre maestro de los marinos y fustigador de los arrogantes, es el marco de este relato. Muestra algunos retos de la navegación a vela, paisajes y culturas diferentes que, junto a la juventud de los protagonistas, la amistad y, aún más, la complicidad con aquellos que buscan un destino mejor, abiertos a cualquier alternativa, y que se desarrolla a lo largo de una travesía en su pequeño gran velero.

Tres jóvenes treintañeros, que han desistido de su vida convencional y acomodada en la gran ciudad para replantear su futuro, deciden compartir una aventura de navegación atlántica, con mucha ilusión y bastante menos planificación.

Con personalidades y experiencias diferentes, liberales, aventureros y afines a la adrenalina, se embarcarán en un viaje salpicado de anécdotas inesperadas, propias del encuentro con personajes que, lejos de ser turistas de navegación, viven el océano como su hogar, lo cual les da un carácter y valores diferentes.

Un pequeño velero, un océano a veces tierno otras muy exigente, retos que van surgiendo sin la opción de evitarlos, culturas diferentes y extrañas compañías, casi siempre relacionadas con la vida alrededor de la navegación no comercial y la convivencia en los puertos, generarán situaciones, a veces entrañables, y otras complicadas, que irán superando y afianzando su amistad.

Una mezcla de complicidad, navegación a vela, submarinismo, aventura y sensualidad que va cambiando en función de las nuevas compañías y culturas en cada singladura.

Entre ficción y realidad, proporciona una visión de vivencias potenciales, para aquellos que deciden emprender un viaje, abiertos a cualquier experiencia que pueda aparecer.

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RCPI 00765-01765911


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El punto de partida

Octubre, frío, pero no tanto, debido a ese efecto Dunning-Kruger, donde todos opinan y casi nadie sabe dónde está la verdad, me refiero al manoseado cambio climático. Estos días tenemos una media de veintidós grados. Para mi perfecto ya que me espera un intenso trabajo de puesta a punto.

Me voy a explicar, me llamo Raúl, 30 años, soy informático, y no se me da mal, habiendo superado ampliamente la barrera mileurista, pero siempre he odiado estar en lugares cerrados. Para mí, que además me encanta dormir hasta tarde, levantarme a las 7 de la mañana para, tras pasar una hora y media de atasco, encerrarme frente a mi computadora, en la oficina y junto a otros alienados, hasta las 7 de la tarde siempre me ha parecido desperdiciar la vida.

Algunos dirán que he tenido éxito en mi propósito de vida: estudié lo que me gustaba, conseguí rápidamente trabajo, me ascendieron, espero que por méritos propios. Mi salario es decente y no tengo problemas para pasar el mes, incluyendo algunos excesos. Incluso mi vida personal y amorosa había sido excelente….eso es, HABÍA, ya que mi ex me abandonó, junto a mi mejor amigo, hace un par de meses y todos mis planes y creencias cambiaron de repente.

Mi mundo se precipitó al vacío. Mi mejor amigo Paul y mi preciosa novia decidieron que estaban mejor sin mí, y se fueron a vivir juntos. Como buen informático meticuloso y analítico, me dediqué muchas horas a intentar descubrir el fallo que había dado lugar a este suceso, me considero bien parecido, o al menos eso dice mi madre y otras bienintencionadas amistades, exitoso profesionalmente, deportista, más en deportes náuticos, creativo, amigo de mis amigos, detallista con mi ex, pero algo debió fallar en esa evaluación ya que parece ser que tanto Paul como mi ella, llevaban bastante tiempo en el proceso de decisión y yo, sin enterarme de nada, lo que me coloca en el grupo de ingenuos confiados, aunque siempre he sido liberal y sigo creyendo que es la postura más apropiada, obviamente debería haber intuido algo, y aun mejor, ser informado de las tendencias y planes.

Creo que, en parte, mi frustración en lo laboral quedaba compensada por mi relación personal, pero tras ese aparatoso incidente me cuestioné cual era realmente la forma de vida que deseaba tener.

La decisión

Y cambié mi agenda, me alejé de mi entorno tanto personal como laboral, cancelé mi alquiler de vivienda y me fui al Sur, concretamente al Puerto de Santa Maria en Cádiz, y empecé el nuevo proyecto, desaparecer durante un tiempo mientras descubro nuevos lugares y replanteo mi futuro.

Ahora, tras pasar un mes recorriendo la costa desde Almería a Cádiz, he comprado un pequeño velero de 11 metros que espero poder poner a punto para atravesar el Atlántico, sin prisas.

Dejar mi nuevo velero en condiciones será, espero, como el proceso de reflexión y ajuste que necesito en mi vida para poder reponer mi autoestima. También un largo viaje puede ayudarme en esa cura, lecturas, aire fresco, aventura y, por supuesto, disfrutar de ese mar que nunca me ha traicionado, aunque siempre exija lo máximo en su relación con él.

Ahora, 8 de la mañana, me hallo desayunando en el puerto, junto a los pescadores, con un día soleado y una temperatura envidiable. Un mono de trabajo y una bolsa llena de remedios para mi nuevo velero, brochas, pintura, papeles de lija, aceite para engrasar partes móviles, nueva cabuyería y muchas ganas de avanzar en ese proyecto.

-He Raúl, buen día. Recuperar este cadáver va a ser duro- Me dice desde la distancia Mario, el comodoro del puerto y que me ha adoptado como su pupilo novato, dándome consejos sobre los pasos necesarios para cada tema.

La visión del velero, que ahora se llama Gaviota, me genera sentimientos encontrados, en casos, de pena por su actual estado, y en otros de esperanza e ilusión. Pero es, desde luego, un reto para cualquiera de los que lo han visto en este puerto. En realidad lleva más de 5 años sin tocar el agua…¿flotará?.

Me han asignado, para no estorbar, un lugar en la esquina del varadero, donde Gaviota descansa sobre varios soportes de madera y una escalera que me ayuda a subir a su cubierta.

Empieza mi labor, lija en mano, y decidiendo porque lado es el más adecuado. A las 2 pm agotado, decido hacer un corte para comer algo.

En el Bar donde se reúnen los pescadores me uno a ellos para tener un rato de compañía y, de paso, seguir recibiendo la experiencia de estos para mi próxima travesía cuya primera etapa será Cádiz-Lanzarote. Muchos de ellos faenan frente a la costa de Marruecos y saben de fechas, mareas y vientos, para poder efectuar de forma adecuada ese viaje inicial.

Allí esta Mario junto a Manuel y su grumete ¿debería decir grumeta ahora? Gille, una navegante que recogió en Indonesia en uno de sus viajes y que, según Manuel, es mejor patrón que él, además de cocinera, amante y anfitriona. Ambos rondan los 70 años y se les ve muy enamorados, ella cuidando de cada detalle para que su pareja esté cómoda, y él la corresponde ofreciéndole su sonrisa, respeto y algún beso de forma recurrente. Viven haciendo chapucillas en otros barcos y, de tanto en tanto, pilotando algún charter a las Islas Canarias. Si a eso le unes que llevan 3 años juntos, que él solo chapurrea unas pocas palabras en inglés y que ella sabe las mismas en ese idioma, nada de español y, claro, su lengua materna, es todo un ejemplo de cómo los seres humanos que se respetan y quieren pueden convivir incluso sin palabras.

-Hola- ¿Puedo sentarme con vosotros?

-Bienvenido, claro, veamos que nos cuentas del avance en el enfermo, comenta Mario.

-Será un placer, dice Manuel.

-Wellcome!, exclama Gille.

Hoy tenemos garbanzos de primero y atún de plato fuerte, además de un buen vino blanco local de dos euros botella. He engordado cinco kg desde que estoy en estos lares, que espero reducir ahora con mi esfuerzo en el Gaviota.

Manuel nos cuenta sobre el atún que ha pescado hoy, tras cinco horas de lucha. 100 kg es un buen premio para tanto trabajo, se levanta para mostrar el tamaño del bicho y ella, sonriente, asiente con su cabeza. El problema fue tanto de lucha para cansarlo como, más aún, de subirlo a su actual y pequeño barco de no más de seis metros.

Me sorprende la vitalidad de la pareja y ni me imagino a un informático enfrentarse a un reto como ese a los 70 años, probablemente lo veo sentado frente a un televisor, triste y absorbiendo la actualidad sentimental de otras personas de la “jet”. Eso refuerza mi decisión, al menos, de momento.

Yo les cuento el poco avance de esta mañana, pero reafirmo mi compromiso con no dejar al Gaviota hasta que esté brillante y listo para soportar lo que se avecine.

-Por cierto, Raúl, el mes que viene hay una regata en la Bahía y están buscando navegantes para la competición. Te puede interesar. -Comenta Mario.

-Vaya, que buena propuesta. No se mucho de regatas, pero llevo más de 10 años haciendo vela, desde windsurf hasta veleros de 12 metros, esto último con un Club de Navegantes. Estoy necesitado de conocimientos y deseando aprender de los expertos.

-Bueno, querrán entrevistarte, y luego ya decides que hacer si te aceptan. Mañana te digo algo más.

La comida transcurre cálida, hablando del tiempo extraño que aún nos acompaña y de la pesca del día. También sale en la conversación los accidentes provocados por las mimosas y elegantes orcas, que ahora se dedican a comerse los timones de los veleros que navegan cerca de la costa atlántica y que ha generado miedo por parte de los navegantes, y trabajo en los varaderos locales.

A las cuatro vuelvo a mi trabajo, ahora menos cansado, y más alegre tras tres vasos de vino y dos “asiáticos” (café tipo carajillo, pero más elaborado).

Miro la parte ya trabajada y es solo una décima parte del casco, así que me decepciona un poco, pero solo se trata de no rendirse, decía Woody Allen que “el 80% del éxito consiste simplemente en insistir” y yo me he propuesto avanzar sin quebrarme en el trayecto.

Me pongo a ello y no lo dejo hasta que el sol deja de ayudarme, sobre las 6 pm.

Al terminar, una ducha en el puerto, y vuelvo a mi hostal donde voy acumulando libros e historias para la travesía del Atlántico. Libros de aventuras, de experiencias, de recomendaciones, desde donde voy tomando apuntes organizados.

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