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El día después de Navidad, mientras estoy frente al Gaviota intentando ver cómo abordar próximo paso, la pintura, y con Javier montando piezas del motor, aparecen 6 robustos marineros amigos listos para acelerar la puesta a punto de mi velero, ahora nuestro ya que Javier es parte del equipo.
Nos organizamos para distribuir tareas, electrónica, pintura, revisión de engranajes y jarcias, puesta a punto de velas y localizar alguna más de fortuna (recambio), etc.

El día de Reyes, Gaviota tiene una nueva imagen, luce brillante y he preparado un acto de botadura que tendrá lugar a las 12 del mediodía. Va a ser un acontecimiento ya que alguno de los periódicos locales lo ha publicado como EVENTO ESPECIAL. A las 11 de la mañana más de 50 mirones, además de los marineros del puerto. están a la espera de este hito.
Javier y yo hemos intentado dar un nombre nuevo al barco acorde con la aventura y nueva vida del mismo, sin llegar a ponernos de acuerdo, así que no hay nombre del mismo en ningún lugar.
El barco está sustentado sobre el travelift, justo a unos centímetros del agua, y todos expectantes.
-“AYO AYO AYO”-grita Gille desde uno de los lados del foso donde finalmente aterrizará el velero.
-¿Que ha dicho?-Le pregunto a Manuel
-Es “Vamos” en su idioma, está impaciente por verlo flotar. -Responde Manuel
-¿Te parece?-Le pregunto a Javier
-Me parece.
-Pues desde este momento, nuestro velero se llamará AYO. Gracias Gille.
Gille salta excitada y riéndose de la ocurrencia, todos aplauden.
Empujo la botella de cava que se halla atada a un cabo que va al púlpito del AYO, la cual se rompe contra la proa, al tiempo que AYO toca de nuevo, suavemente, su medio natural, el maravilloso mar.
Los próximos segundos tienen dos públicos muy diferentes, los alegres nuevos visitantes y los expectantes amigos marinos, junto a Javier y yo, que observamos con grata sorpresa que el velero se mantiene estable y sin escora, como si hubiera estado esperando cinco años para volver a la vida, orgulloso de su aspecto renovado, diría que erigiéndose como parte del equipo que deberá llevar a cabo la aventura propuesta.
Javier y yo nos abrazamos y sonreímos a los más expertos levantando el pulgar en signo de “PERFECTO”.
