Anclamos cerca de la costa, en fondo arenoso, pero a unos 50 mts. de una pequeña isla cerca de Sancti Petri, mar cristalino pero muy fresco, unos 15 grados, aunque con el traje de buceo de 8 mm, no debería ser un problema para disfrutar de la experiencia.
Abrimos las bolsas y vemos con preocupación el material que Mario nos preparó. La verdad es que, sabiendo que procedía de los buzos de mantenimiento del puerto, debería haberlo previsto, muy viejos, con parches, y algunas roturas que se producen al bucear entre cadenas de barcos y muertos que las soportan, e incluso algunos descosidos por donde, seguro, entrará esa agua fresquita. Los guantes y escarpines (calcetines de neopreno) estaban en mejor estado, y los tanques de aire, un poco oxidados, contrastaban con reguladores de aire casi nuevos.
En fin, no era un comienzo muy glamuroso, pero habiendo acertado con las tallas, la cosa iba por buen camino respecto al objetivo. Alicia una talla S de hombre que, al tener poco pecho no le molestará, una M para Javier, y una XL para mí, éste último en un estado deplorable. Las gafas de buceo y aletas también aceptables. Tras un rato explicando la función de cada elemento les comento el plan para esta primera experiencia.
-Bucearemos entre 4 y 8 mts. de profundidad, cerca de la isla que nos librará de las pocas olas existentes. Primero deberéis adaptaros a la respiración, así que bajaremos despacio hasta los 4 mts., y nos sentaremos en el fondo hasta que estemos relajados. Para asegurar que nos mantenemos en el fondo voy a lastraros con más peso del normal, pero, con esa válvula presionada, el chaleco os puede llevar a flote en unos segundos. A esa profundidad no hay peligro y, por tanto, no voy a explicaros hoy mucho más sobre riesgos de presión. Quiero que disfrutéis de la ingravidez, que os sintáis cómodos con la respiración, que debe ser continua, profunda y lenta, y disfrutéis del entorno, los peces, algas, etc. Una vez estéis adaptados, daremos la vuelta a la isla, yo iré primero y Javier el último, a un par de metros máximo de distancia entre cada uno. Al final, volveremos al punto de partida y haremos un ejercicio quitándonos las gafas de buceo, y volviéndolas a poner vaciando el agua que entrará en ellas, siguiendo mis indicaciones. Si conseguís hacerlo con tranquilidad estaremos preparados para el superbocata que hemos preparado a bordo y analizar lo que ha sucedido.
-Y cualquier problema que percibáis, o si os agobiáis simplemente me hacéis una señal moviendo la mano y, al que le pase, sube a flote y vuelve al AYO. ¿entendido?
Ambos son buenos nadadores y han hecho mucho snorkel. Asienten expectantes mirando con preocupación a la indumentaria que está expuesta en la bañera.
Nos ponemos los equipos y nos reímos de nuestro aspecto, más de Halloween que de un deporte elegante y apasionante. Nos hacemos una foto para la posteridad y les ayudo a colocarse los tanques y regulador, explicando cómo funciona y para qué sirve cada elemento.
Lanzo un par de defensas atadas con un largo cabo flotante por popa y les indico que una de ellas será el punto de reunión para empezar el descenso. Por su experiencia, conocen la maniobra de compensación de presión, que les eliminará el dolor derivado del cambio de profundidad, así que no espero problemas en esta entrada.
Hinchamos los chalecos y saltamos al agua, yo primero y después ellos. Flotamos y parecen tranquilos.
-Pensaba que iba a tener más frío, pero no está mal, lástima que este gran agujero esté tan cerca de la ingle, comenta Javier.
Alicia levanta el pulgar para indicar que todo está bien, y los tres nadamos despacio hasta la boya de destino. Al llegar allí les digo que escupan en el cristal de las gafas para evitar que se empañen y, tras ello, empiezo a dejar salir el aíre del chaleco indicando que me imiten, una mano en el chaleco del compañero permite que el descenso se haga lento y simultáneamente. Observo que respiran sin nerviosismo.
En poco segundos estamos sentados sobre la arena del fondo, con una visibilidad excepcional de más de 20 metros, y algunos sargos se acercan curiosos por la inesperada visita. Desde mi bolsillo del chaleco saco un poco de pan y lo desmigo en el agua lo cual genera más interés para los peces e inmediatamente tenemos más de veinte pequeños alrededor nuestro.
Javier y Alicia tienen los ojos muy abiertos, y creo que incluso se refleja una sonrisa en ellos. Por un momento se han olvidado donde están y disfrutan del espectáculo. Hacemos algunos ejercicios, quitarse el regulador, soltar el aire almacenado, volver a ponérselo y respirar de nuevo. Pulsar momentáneamente el regulador de aíre del chaleco, mientras comprueban que les hace perder contacto con el suelo y volver a sacar el aire para sentarse de nuevo.
Ambos logran estabilidad y respiran tranquilos, así que empezamos el recorrido. Al principio debemos controlar algunas variaciones de altura, Javier se arrastra por el fondo levantando la arena y Alicia, al contrario, parece que empieza a subir. Nos detenemos y explico, con signos, la operación para recuperar esa estabilidad. Tras un par de ejercicios parece que ya vamos mejor para la aventurilla, lo hacemos lentamente pasando junto a la roca y observando ese nuevo mundo de cerca, disfrutando de esa ausencia de gravedad. Recuerdo que cuando empecé a bucear, en ocasiones me dedicaba toda la inmersión a disfrutar solo de esa sensación de libertad, era mágico para mí.
Javier y Alicia se animan entre ellos haciéndose señales ante cada detalle que descubren y seguimos durante 15 minutos, hasta el punto inicial de partida, donde nos sentamos de nuevo.
Ahora les explico cómo resolver la entrada de agua accidental en las gafas, donde Javier ya ha acumulado más de un dedo, y le afecta a los ojos que cierra y abre de forma continua. Son buenos alumnos y en pocos minutos ya se las quitan y ponen sin problemas. Les indico que hemos terminado por hoy y que vamos a subir, cuando Alicia dice que queda mucho aire, y que por qué no damos otra vuelta, Javier se une inmediatamente a la propuesta y les digo que vayan ellos primero, y yo les seguiré. Les observo y veo que no habrá problemas con esos compis, aunque habrá que hacer muchas más teoría y prácticas para que puedan hacer trabajos con seguridad, pero, de momento, ya han sucumbido al veneno de la pasión por el buceo.
A los 40 minutos subimos de nuevo al AYO y ambos no paran de hablar de las sensaciones.
-¿Visteis el Pulpo y la morena? Comenta Alicia.
-Siiii, pero lo más increíble es poder ser un poco peces, flotar y moverse relajadamente por el fondo. Puedo imaginarme estar haciéndolo en el Caribe, con tiburones, ballenas, delfines, tortugas. Ser uno más de ese club. ¡Vaya pasada!, responde Javier.
Nos tomamos el bocata tras deshacernos de la indumentaria andrajosa, y disfrutamos un rato del sol, que se aprecia más tras un baño con esas temperaturas. Alicia, en top-les, se queda en proa mientras se termina de secar, y Javier, cauto, se mantiene en popa con la mandíbula abierta.
El resto del día siguen hablando de la experiencia y hacemos un plan para avanzar con más conocimientos hasta que estén seguros en ese nuevo deporte que, para mí, es uno de los más bellos, aunque exija, como todos los de riesgo, de mucha disciplina para evitar accidentes.
Tras dos semanas y unas 6 inmersiones espero estén perfectamente adiestrados para cubrir nuestras posibles necesidades durante la travesía.
Pasado mañana será la boda de Manuel y Gille, y vamos a buscar algún presente para ellos, hacemos un listado de posibilidades y, finalmente decidimos que nuestro humilde regalo será dos entradas para el Circo del Sol que estará en Sevilla en febrero y, como no, una noche en un hotel cerca del circo. Ahora, con el ingreso inesperado de Manatu nos lo podemos permitir.
El día siguiente nos despierta Mario a las 9 de la mañana, moviendo la popa desde las amarras del pantalán.
-He chavales, ¡Arribaaaaa! Hay novedades, espero que buenas.
-Buenos días Mario, bienvenido al Calipso y “los nuevos maestros del buceo”, responde Javier desde su camarote.
-Tenéis dos nuevas cartas que han llegado en capitanía. Espero sean con buenas nuevas.
Alicia y yo salimos como una bala al oír la noticia.
-Vamos, vamos Mario, salta aquí y únete en la sorpresa, a ver que dicen.
Mario sube a bordo, mientras Alicia ya ha puesto la cafetera en marcha. La verdad es que, desde que está ella, todo funciona mucho más ordenado, ya no digamos la limpieza, donde ella ejerce de coordinadora, asignando tareas que obedecemos sin rechistar. No salimos del barco sin que todo esté en su sitio, los baños y cocina limpios, las camas hechas….. Al principio nos pareció exagerado, pero reconozco que ahora se ha convertido en una rutina, que hace un poco más habitable y entrañable el interior. Javier, por su cuenta, se dedica, un rato cada día, a dejar los inox de cubierta como si fueran nuevos, lentamente, pero se va viendo un brillo especial en ellos.
Aguantamos nerviosos hasta que Alicia sube con el café y las tazas para hacer el momento un poco más entrañable. Ponemos el café en las tazas y brindamos con ellas. Ya casi brindamos por cualquier cosa, celebramos cada pequeño avance como si se tratara de un gran logro que nos acerca al objetivo.
-Vamos a ello. Veamos remitentes, ejerzo como anfitrión.
Revista “Aventuras en velero” de un grupo editorial con más de 6 publicaciones y “Coca Cola”, son las identificaciones.
-Carai, no sabía que podríamos conseguir tantos interesados, si seguimos así podemos darnos más tiempo para la aventura “¿La vuelta al mundo?”. Comenta Javier.
Abro la primera carta y veo que están interesados en tener un artículo semanal del avance del viaje. En este caso no nos ofrecen contribución económica, pero si apoyo técnico. Disponen de muchos productos que las empresas ceden para pruebas en la revista, los enumero.
-GPS de fortuna
-Sistema de comunicación satelital con acceso a partes meteorológicos
-Dos teléfonos de alta gama, con cartas náuticas incluidas.
-Computadora con cartas náuticas actualizadas.
-Una radiobaliza oceánica.
-Una placa solar de tamaño medio que está pensada para la carga de pequeños dispositivos (Teléfonos, cámaras etc.)
-Costes de comunicación y telefonía a cargo de la revista.
Eso sí, de no cumplir los envíos, deberíamos devolver el material y dejarían de abonar los costes que, al estar el sistema de comunicación registrado a su nombre, nos dejaría de ser útil en todos sus aspectos.
-Chicos, esto equivale a un coste aproximado de 5000 euros, pero también de unos 500 a 1000 euros más mensuales derivados de las comunicaciones, y os hace falta para tener la seguridad en medio del océano, nos dice Mario.
-Claro, interesante, pero eso implica redactar artículos, fotos, enviarlos. ¿No será mucho tiempo de dedicación? Además, nunca he sido muy bueno en redacción, expongo.
-Mario nos mira muy serio. -¿Pero? ¿Pensabais no documentar esta aventura? Eso sería muy triste. Por otra parte, tanto Manatu, como cualquier otro patrocinador os pedirá información sobre el avance.
-Además, vais a tener tiempo suficiente para dedicarlo a estas tareas, fotografiar, documentar, analizar partes meteorológicos etc. Si todo va bien, y no hay una meteo complicada, casi os aburriréis, y esta actividad será entretenida. Quizás luego podáis incluso publicar un libro.
-Yo, si me aceptáis en la travesía, me comprometo a hacer este trabajo. Como os dije, he estudiado arte y manejo redes sociales de forma fluida, creo que redacto bastante bien. Incluso podríamos crear un blog, y unas cuentas en Instagram y Facebook, para divulgar el viaje. Esto mantendría viva nuestra aventura, y seguro tendremos más ayuda si es que la necesitamos en algún momento. Comenta Alicia con cara de niña buena y sumisa.
Por unos segundos nos quedamos mudos en cubierta.
-Javier abre los brazos en señal de “¿Qué hacemos?”
Mario me mira y me guiña el ojo como diciendo. ¡VENGA!
-Alicia, va a ser un viaje duro, muchos días en el mar, probablemente con momentos de mal tiempo y riesgo. Tu eres una chica ordenada, y no sé si esto será posible en medio del océano donde las condiciones no serán como en el puerto. No tenemos fechas concretas, y nuestro rumbo solo es un plan que puede variar en función de las experiencias. Si te embarcas en la aventura no podrías dejarnos tirados ya que tendremos compromisos con los promotores. ¿Estás segura que quieres venir con este par de locos?
-¡GRACIASSSSS! Siiiiiiiiiii, acepto. Sois un par de locos inconscientes, pero me encanta estar con vosotros y no tengo nada mejor que hacer. Será un verdadero placer.
-Lo primero que debemos hacer es, no comprometer exclusividad de las historias con ningún patrocinador, de esa forma podemos, con pocos cambios, alimentar a los diferentes intereses. Si me dejáis, yo seré la voz del AYO frente a los diferentes proveedores, siempre consensuando los mensajes y documentos, de esa forma podréis dedicaros 100% a las tareas de navegación.
-Bueno pues, ya somos tres, veamos la segunda carta, dice Javier, mientras la empieza a abrir.
Tras unos segundos, Javier comenta. -Nos ofrecen bebidas y una donación inicial de 5000 euros a cambio de los derechos exclusivos de imagen, por supuesto un resumen mensual escrito, y con fotos, muy escueto, pero clarito.
-Para nada, ya somos un activo interesante, así que no nos vendemos por esa mierda. Además, no creo que Manatu esté de acuerdo en compartir la imagen en el sector de bebidas. ¿Qué opináis?, comenta Alicia.
Mario asiente -Creo que tiene razón, aún tenéis algunos patrocinadores potenciales que no han contestado y eso que ofrecen es una miseria, “menos mal que Manatu llegó primero”.
-Pues nada, en tus manos dejamos la contestación Alicia, aceptemos la revista “sin exclusividad”, y pide a la revista que nos manden esa tecnología urgente para empezar a estudiarla y ponerla a punto.
-Mario, ¿Qué opinas de Paco? Parece buen navegante, aunque no tiene mucha experiencia, está técnicamente preparado. Estamos hablando de la primera etapa, luego creo que podremos hacerlo nosotros solitos ya que Javier, e incluso Alicia, están muy preparados.
-Me parece buen tipo y es enfermero. Ah….y dice saber cocinar en el océano, “con Alicia casi estáis con menú italiano”. Supongo que es un buen compañero y suple la necesidad del título que os falta.
-Vale, Javier, llama a Paco e invítale a comer. Le pondremos al día y vemos que nos dice. No sabemos si sigue pensando lo mismo y tiene disponibilidad.
Paco acepta entusiasmado, por el momento pedirá una extensión de vacaciones para poder llegar a Canarias con nosotros, aunque nos deja caer a modo de “reflexión”, que sería incluso mejor pedir una excedencia y acompañarnos hasta el final. Durante la comida intentamos llegar a un acuerdo en el modo en el que nos organizaremos en el barco ya que hay tres camarotes.
Navegando no vemos mayor problema ya que siempre hay alguien de guardia, y los tres camarotes pueden usarse por cualquiera de nosotros, pero en puerto habrá que compartir alguna estancia y, parece obvio que Alicia debería estar sola, de momento, además de que medio camarote de ella ahora está lleno de equipajes y recambios. Finalmente, Javier y Paco se ponen de acuerdo para compartir uno de los camarotes.
-Siempre y cuando no ronques mucho, ni me abraces por las noches. Comenta Javier.
Paco dice que, de momento, seguirá estando en su hotel, hasta que partamos rumbo a Canarias (Lanzarote), y quedamos emplazados para el día siguiente y, por supuesto, en la boda de nuestros amigos.
El día siguiente Alicia ya ha redactado la contestación a los nuevos patrocinadores y organizado la visita del experto de Manatu, Javier ha comprado, vía internet, los regalos para los novios y yo, con Paco, hemos revisado el barco por completo, probado electrónica actual, inventariado recambios, revisado lista de víveres que deberíamos incluir en la primera etapa. Tras ver previsiones de tiempo decidimos que nuestra salida debería ser en cinco días, aprovechando un poniente suave que ayudaría en la primera fase. Decidimos que Marina Rubicón es un puerto idóneo en Lanzarote, donde podremos encontrar cualquier apoyo que sea necesario, y desde donde salen muchas embarcaciones con destino al Caribe que quizás puedan unirse en la travesía. Son unas 600 millas que deberíamos poder hacer entre 5 a 7 días si los vientos nos acompañan, aunque igual deberemos prever que puede haber días sin viento y necesitemos el motor para avanzar.
Comida y bebida para 4 personas, 3 días a motor, recambios de vela y motor, cabuyería adicional, gasoil de apoyo extra al tanque del AYO, botiquín, aparejos de pesca, ropa pensada para las latitudes de destino, al menos hasta Caribe. Con esa primera previsión ponemos fechas y responsabilidades de cada tema.
Hace fresquito, pero a las cuatro y media de la tarde estamos todos listos y “elegantes”, o algo parecido, para asistir al enlace. Nos reunimos con Mario y dos marineros más en el bar. Manuel Y Gille ya están en la playa donde se celebrará el enlace. Gille quería organizarlo todo antes de nuestra llegada.
Gille nos ha organizado a todos, Mario ejerce de comodoro y certificará, informalmente, la boda. Los demás marineros llevan 10 botellas de cava, dos cajas de fruta, pan y embutidos. Nosotros somos los encargados de la bebida, el resto es una sorpresa para todos. Nos encajamos en dos Land Rover del puerto, y salimos rumbo a una pequeña playa al Sur de Cádiz, con un punto de encuentro que nos han mandado a Google Maps.
En 30 minutos estamos frente a la playa, donde vemos una hoguera, unas mantas en el suelo, una mesa pequeña y muchas flores por todas partes. Manuel y Gille, junto a dos guardias civiles más, están sentados mirando al oeste donde el sol va bajando para ofrecernos otra puesta que parece que va a ser espectacular. Nunca podría haber sido un marco más idóneo para esta ocasión. Manuel luce una chaqueta nueva, gorra de marino y está alegre, con su botella de ron en la mano. Gille con collar de flores, viste un vestido largo y se abriga con una bufanda de colores muy llamativos.
En un primer momento nos preocupa la presencia de la guardia civil, pero Manuel se adelanta para decirnos que son muy amigos suyos, que colaboran con el equipo de salvamento marítimo, y que siempre les han echado una mano si es necesario. En esta ocasión, además, supongo era necesario para contar con la aprobación para hacer una hoguera a pocos metros del agua, que han concedido sin pestañear.
-Hola, ¿Desde cuándo estáis aquí?, que bonito atardecer, y que bonita pareja, comenta Alicia.
Sobre una mesa hay un equipo de música donde suenan ritmos más propios del mundo de Gille, suaves y melancólicos, pero que no entendemos.
-Pues desde las 11 de la mañana estamos aquí, porque Gille ha cocinado un cerdo entero para la ocasión, comenta Manuel.
-¿Cerdo?, ¿y ya os lo habéis comido?, dice Javier al no ver ningún recipiente sobre las mesas.
-“nooooo”, está debajo de la hoguera, envuelto en hojas, y ya lleva siete horas cocinándose, se supone que está listo para celebrarlo, responde Manuel.
Una furgoneta de Manatu aparece junto a nuestros coches, y de ella salen dos muchachos que en pocos minutos han colocado junto a la hoguera 6 cajas de 24 botella de diferentes tipos de cerveza, MUY FRIA, y unas neveras llenas de hielo con capacidad de 20 cervezas cada una. Es la primera entrega acordada con nuestro patrocinador, que solo estaba esperando hora y lugar para efectuarla.
Gille hace una señal a los marineros para que le ayuden a desenterrar al cerdo que, tras unos 10 minutos, descansa humeante sobre la mesa.
-Pues venga, celebremos el enlace. Manuel ha cogido la mano de Gill, y la besa tiernamente en la frente.
El sol está a 15 minutos de ponerse, el cielo empieza a tomar un rojo anaranjado intenso que solo puede competir en belleza con la sonrisa de los conyugues. Rodeamos a la pareja, y Mario toma la palabra.
-Hoy es un día muy especial para todos, no solo por esta unión, también por lo que representa en este mundo tan necesitado de amor y amistad. Nunca conocí una historia tan tierna, de tanto compromiso y dedicación, ni el idioma, ni las costumbres, ni las distancias, han impedido que estas dos increíbles almas hayan coincidido, y se hayan fusionado para compartir su vida con una dedicación propia de los ángeles. Me siente muy honrado y agradecido que me hayáis dejado dar fe de esta unión, y me permitáis compartirla.
-Gille, ante este grupo de buenos amigos, ¿Aceptas como esposo y compañero de viaje a Manuel, este viejo cascarrabias que te adora?
Gille, con ojos llorosos, mira a Manuel, sin haber entendido nada, y le da un beso suave en la boca, colocándole su collar de flores. Mira a Mario, y levanta el dedo pulgar asintiendo con la cabeza.
-Manuel, nunca habrías soñado con encontrar, tan lejos y de esta forma, a una mujer que te quiere y te entiende de forma intensa, aun sin saber lo que dices, pero que es capaz de saber lo que piensas antes de que lo hagas. Si no la aceptas por esposa te vamos a ahogar ahora mismo. ¿Qué dices?
Manuel, se arrodilla delante de Gille, le toma la mano, y saca de su bolsillo un anillo muy sencillo de madera que el mismo ha venido puliendo en los últimos meses, colocándolo en el dedo de Gille, y acto seguido, besa la mano dando el SI QUIERO. Gille se arrodilla frente a él, y se funden en un abrazo.
Todos aplaudimos y oímos la primera botella de cava que se ha abierto detrás nuestro. Javier llega con dos copas, y entrega una a cada uno de los esposos, que brindan por la unión.
Gille retoma el control y da ordenes con sus manos para que uno de los marineros empiece a cortar el cerdo. Las frutas y el pan están sobre la mesa, y los trozos de cerdo empiezan a colocarse en unos platos de plástico que cada uno va tomando de la mesa. Nos sentamos todos alrededor de la hoguera donde, entre comentario y comentario empezamos a degustar el extraordinario manjar que nos han preparado, acompañándolo con cervezas y cava.
A las 10 hemos cambiado la música, y ahora escuchamos algo bailable que todos comparten, Gille y Alicia han empezado y ahora les seguimos todos. De una caja, uno de los guardias civiles saca unas bengalas náuticas de emergencia, obsoletas, pero que funcionan, y las lanza para que iluminen durante unos segundos la escena, todo muy marinero, y un poco ilegal, aunque se usan también para formación, pero acorde con este importante momento.
Javier, sentado, observa a Alicia y se le pone cara de besugo enamorado. Alicia cambia de pareja y anima a todos a moverse. Lástima de agua fría, de lo contrario me imagino a todos metidos entre las olas.
Acabamos con todo, cava, cervezas, cerdo y pasteles de acompañamiento, y a medianoche, ya no tenemos frío, pero si cierta pérdida de equilibrio, los brindis se repiten y las muestras de cariño pasan desde los novios hasta el resto de las participantes. Javier se ha dormido apoyado en mis rodillas, y Gille está abrazada a su estrenado marido. Alicia, infatigable, sigue animando al baile y hasta los de la benemérita siguen el ritmo, alumbrados a esa hora, por los faros de varios vehículos. Finalmente, ante la falta de combustible, se da por finalizada la fiesta y, tras limpiar la playa con la aceptación, final por parte de las fuerzas del orden allí presentes, volvemos a nuestro puerto.
Al llegar al AYO tenemos que hacer algún malabarismo para poder colocar a Javier en su camarote en condiciones aceptables, es decir, tras ayudarle a ir al baño, desnudarlo y abrigarlo convenientemente.
Al día siguiente, amanecemos sobre las 12, bastante perjudicados y alguno, Javier, habiendo pasado muy mala noche.
-¿Cómo llegué yo hasta mi camarote?, pregunta Javier un poco avergonzado.
-Te trajimos entre Raúl y yo, te desnudé yo, pero te llevó al baño Javier, somos un equipo eficiente.
Esto, lejos de relajar a Javier le deja más avergonzado, y sin mediar palabra sale del AYO rumbo a los servicios del puerto. Alicia y yo, entre sonrisas, decidimos desayunar en el bar del puerto donde solo nos quedan un par de días para luego partir, por fin, hacia nuestro primer destino.
Los chicos han pasado el curso de buceo con buena nota, de hecho, Javier y Alicia planificaron e hicieron de guía en las últimas inversiones hasta más de 15 metros. El buzo del puerto nos ha regalado un tanque de buceo con chaleco, eso sí, sin traje, así que mejor que no nos pase nada hasta alcanzar aguas más cálidas. La escuela de buceo, por otra parte, ha concedido la licencia de buceo básica, una vez que aprobaron la parte teórica y vieron como se desenvolvían en uno de los buceos.
Con la lista de cosas-que-hacer en la mano, nos repartimos las tareas. Paco cambiará su residencia hoy hacia el AYO, y se hará cargo de la parte del Botiquín, y de poner a punto los materiales y electrónica que ya está instalada en el barco con, de nuevo, ayuda de la marinería local, también de agenciarse seis garrafas de gasoil que vamos a colocar en cubierta, para asegurar que no tendremos problemas en caso de que sea necesario (rotura de velas, calmas, viento no adecuado, etc.), y determinando el día y hora exactos de nuestra salida.
Alicia atenderá al especialista de Manatu, mientras Javier y yo vamos a encargar los víveres necesarios hasta Lanzarote. Desafortunadamente, ante las expectativas generadas por los primeros patrocinadores, no hemos recibido ninguna más de las propuestas enviadas, pero si un descuento del 20% en el supermercado local, a cambio de que el día de salida puedan colocar una gran pancarta, con su nombre, y donde nos desearán feliz travesía.
Nos ponemos a ello con la ilusión de que todo nuestro esfuerzo va a verse recompensado con esa pronta salida.
Al medio día nos reunimos de nuevo en el bar para la comida, allí vemos a Alicia muy animada con Carlos, el especialista de Manatu y otro joven yupi, brindando con cervezas, Manatu, por supuesto. Les invitamos a nuestra mesa y allí mismo Carlos y Jorge, que es de “Aventuras en velero”, hacen un primer reportaje sobre los tripulantes.
-Alicia nos presenta a sus invitados. Jorge no tenía claro llegar hoy, pero finalmente hemos coincido y creado un plan de comunicación entre los tres. Os quiero dar, además, la noticia importante, Carlos nos acaba de regalar unas velas de fortuna que deberán estar aquí mañana y que colocaremos a nuestra salida. Ambos se van a quedar hasta que nos vayamos.
Solo nos falta besar a Carlos, eso completa nuestras necesidades clave para esta travesía.
-Bueno pues, aquí estamos todos los que formamos parte de este proyecto, los de tierra y los del océano, así que vamos a celebrarlo. Si os parece, mañana podemos hacer una última salida con nuestros invitados, y acabar de probar todos los nuevos elementos instalados en el barco, que espero estén al 100% ya que no hay ya tiempo de incidencias. Comento.
Al día siguiente, tras el desayuno comunitario, hoy invitación de Jorge, salimos los 6, casi a modo de examen final, para una última prueba. Viento con rachas de 30 nudos, y olas de 3 metros, no nos amedrentan ya que, seguro, vamos a tener muchos días con peores condiciones.
-Venga Jorge, Carlos, vais a poder comprobar en que estáis invirtiendo, y hacer esta primera publicación con todos los detalles, anima Alicia a los invitados.
-¿Quizás no haga falta que vayamos todos no? ¿No parece el día más apropiado? Es que no se nadar, dice Jorge, a la vista de las nubes amenazantes del horizonte.
-He, “Aventuras en velero”, no puedo creer que teniendo está oportunidad no la aproveches. Para nosotros es importante compartir este importante momento con vosotros, en vivo y en directo, seguro que vais a disfrutar. Recuerda que tenemos 10.000 millas que recorrer, hoy apenas haremos 10 para probar los últimos detalles, anima Alicia.
Finalmente, Jorge y Carlos, pertrechados con sus respectivos salvavidas logran sentarse, expectantes, en la bañera del AYO.
-Vamos chicos, Alicia, al mástil con la mayor, Javier a las amarras de popa, Raúl a proa. Preparados para soltar, dice Paco, ahora sí, ejerciendo de Capitán.
Todo sincronizado, motor avante y perfecta salida del pantalán. Tenemos el viento de proa, así que, en contra de las reglas del puerto, donde hoy no ha salido “NADIE” en vista de las previsiones, Paco ordena izar la mayor que luce ahora con el GRAN LOGO de Manatu, junto a una banderola de “Aventuras en velero”, que flamea en el obenque de estribor.
Carlos aplaude al ver su logo, y empieza su reportaje del día, Jorge, de momento, hace lo posible para parecer que ha superado el pánico inicial.
-Todos listos para sacar la Génova tan pronto salgamos de la bocana, son las ordenes de Paco y que Javier está listo para ejecutarlas.
Viramos a babor y ceñimos con fuerza atravesando las primeras olas, aun con algo de ayuda del motor, qué a los pocos segundos, Paco detiene para gozar del silencio, solo acompañados del silbido del viento, y el ruido de las olas al golpear el casco por estribor.
El AYO escora, y una ola pasa por encima de proa en cubierta, Jorge coge de un brazo a Carlos, y del otro a Alicia.
El AYO avanza firme y sin problemas, viramos rápidamente y de forma perfecta, gracias a las enseñanzas y experiencia de Alicia, y las muchas prácticas realizadas. Los momentos, en ausencia de rachas, el viento baja a 12 nudos, nuestros invitados se sienten aliviados e incluso Jorge muestra una leve sonrisa. Ya le ha pedido a Carlos si le puede pasar las fotos al final de esta prueba de fuego para él.
Después de un par de horas de navegación dura, y donde las olas han sido protagonistas en varias ocasiones, Paco decide que volvemos a puerto, eso sí, todos bastante mojados, y Jorge bajo cubierta, tras haberse mareado muy dramáticamente.
A la entrada del puerto, ya sin velas y a motor, Jorge aparece en cubierta agradecido de que ya no escoremos, y esperanzado al ver que apenas quedan 5 minutos para salir del suplicio al que le hemos invitado.
-Pues mirar, me parece que documentar esta travesía va a ser muy emocionante, pero prometerme que, “nunca más”, me vais a subir a ningún barco que no sea para un crucero de grandes dimensiones. Os lo agradezco de todas formas, comenta Jorge.
Al acercarnos por popa al pantalán y, antes de atracar, ya Jorge ha saltado imprudentemente al muelle y si, ahora, hace las fotos de la maniobra de amarre. Carlos está encantado con la experiencia, e incluso nos ha pedido si puede hacer alguna salida más con nosotros, pero ya cuando estemos por el Caribe, en día soleado, con poco viento y agua templada.
Superada la prueba sin incidentes lo celebramos en nuestro bar portuario quedando para el día siguiente para despedirnos en nuestra salida final.
A las 8 de la tarde, ya de noche, una furgoneta del Supermercado aparece en popa con los víveres encargados.
-Carai, va a ser que deberemos quedarnos alguno para poder estibar todo esto en este pequeño barco, son casi 2 metros cúbicos y no veo cómo entrará, comenta Javier a la vista de las dimensiones.
En menos de 15 minutos tenemos todo en la bañera y bordas del AYO, y hacemos un plan de almacenaje. El AYO tiene multitud de pequeños espacios, incluso debajo del suelo, en la sentina, pero no suficientes para todo lo entregado. Solo en agua son 70 litros, y en cervezas, que ya están estibadas, 120 latas para esta primera etapa. A las 10 está todo DENTRO, el camarote de Alicia y el mío, son ahora almacenes con un pequeño espacio para echarse, todo bien atado para evitar desplazamientos, debajo de la mesa del comedor ya no se pueden poner los pies, incluso en los tambuchos de popa hay almacenada parte de la carga.
Analizamos la situación final y ya estamos pensando que alternativas adicionales tenemos para las siguientes etapas que serán más largas y, por tanto, más exigentes en materia de comida y bebida.
A las 11 y tras un bocata en el bar, junto a algunos marineros, y la nueva parejita feliz, Manuel y Gille, nos felicitamos por lo logrado, y la puesta a punto de todo. Nuestra alegría y un poco de inconciencia, disminuyen cuando Mario se acerca indicándonos que una borrasca se acerca por el oeste, aunque, previsiblemente, deberíamos dejarla atrás si en tres días hacemos una media de 6 nudos/hora. Tampoco ayuda saber que a unas 15 millas del puerto ha habido ataques de orcas a un velero que ha tenido que ser remolcado hasta el puerto.
-Mario, ¿Podría hablar con el capitán del velero atacado? Me gustaría conocer un poco de su experiencia y, si acaso, de sus recomendaciones. Comenta Paco.
-Por supuesto, vamos a verlos en un rato, están en vuestro mismo pantalán, y recuperándose del susto, pero solo han tenido averías en la pala del timón, lo que ha impedido navegar por sus medios hasta el puerto.
Paco aparece en el AYO a las 12 de la noche tras una larga charla con los navegantes del velero inglés.
-Si analizamos la situación, en los últimos 30 días han pasado por el estrecho más de 80 veleros y solo ha existido un ataque, éste. Las orcas han estado alrededor de su barco durante 30 minutos, ellos han parado el motor, y bajado las velas a la espera de que no atacaran, pero finalmente y solo en 5 minutos, han destrozado la pala del timón y se han ido, suponen, qué por aburrimiento. Comenta Paco.
-Igualmente, he estado leyendo sobre recomendaciones, y parece que el ruido o la radiofrecuencia puede ahuyentarlas, aunque no están permitidas estas prácticas. No obstante, creo que sería bueno prevenir llevando algún sistema para que podamos salir airosos si se encariñan con el AYO. Vamos a llevar tubo metálico, que me va a regalar Mario, con el fin de golpearlo y emitir un ruido molesto debajo del agua si vemos peligro, es inútil pensar en huir de ellas si de verdad desean acercarse a nosotros, pero podemos hacerlo mucho más molesto y quizás desistan. ¿Qué os parece?
Todos asentimos, no sin algo de preocupación adicional, y nos vamos a encajar en los pocos huecos que han quedado para dormir un poco. Mañana la salida la hemos planificado para las doce, que es cuando el viento empezará a subir en buena dirección para nuestro rumbo.
