
Durante casi dos siglos, el transporte marítimo vivió enganchado a los combustibles fósiles como un viejo motor que no sabe arrancar sin gasóleo. Hoy, con la crisis climática apretando las tuercas, el sector naval ha empezado a mirar de nuevo al cielo… y no para ver si llueve, sino para recuperar el viento como aliado serio y comercial.
Lejos de ser un ejercicio romántico, volver a la vela es una respuesta lógica, eficiente y urgente. Mover un barco directamente con la fuerza del aire resulta mucho más eficaz que transformar ese viento en electricidad para luego reconvertirla en movimiento. Navegar así exige algo casi revolucionario en estos tiempos: entender la naturaleza, leerla y respetarla, como bien resume la periodista Ana Iglesias .
La buena noticia es que esto ya no es teoría. Empresas como TransOceanic Wind Transport (TOWT) demuestran que el transporte comercial a vela es viable hoy mismo, llevando vinos ecológicos, café o chocolate de comercio justo a través del Atlántico sin emisiones. En España, bound4blue lidera el desarrollo de velas auxiliares de alta tecnología capaces de reducir hasta un 40% el consumo de combustible en grandes buques. Como dice su cofundadora Cristina Aleixendri, el debate ya no es si poner vela, sino cuál poner.
El abanico tecnológico es amplio y sorprendente: velas rígidas, velas de succión, cometas gigantes o rotores cilíndricos que aprovechan el efecto Magnus. Innovación pura, sin olor a naftalina.
Pero hay algo más profundo que la técnica. Este movimiento tiene también un valor simbólico y político. Iniciativas como la Global Sumud Flotilla, navegando largas distancias sin emisiones, prueban que otro modelo es posible. Y no es un detalle menor: más del 80% del comercio mundial viaja por mar, generando alrededor del 3% de las emisiones globales. Europa ya ha empezado a legislar para reducir drásticamente esa dependencia fósil.
Conclusión clara: el futuro del transporte marítimo no pasa solo por combustibles nuevos, sino por mezclar tecnología moderna con una fuerza ancestral. El viento no ha vuelto. En realidad, nunca se fue. Solo estábamos demasiado ocupados quemando combustible para escucharlo.
