Rocio Alvarez, OK Diario, Enero 2025

El otro día leí la noticia:
el Orient Express Silenseas, 220 metros, el velero más grande y lujoso del mundo, listo para 2026.
Y pensé:
“Ya era hora… y ya veremos.”
Porque esto hay que decirlo sin rodeos.
Durante décadas, la náutica —especialmente la de lujo— ha ido en una dirección bastante poco marinera:
Más tamaño.
Más motor.
Más consumo.
Y menos viento.
Como si el mar fuera una autopista… y no un lugar que hay que entender.
Y ahora aparece este gigante.
Con tres velas rígidas de última generación.
Con discurso ecológico.
Con promesa de navegar impulsado por el viento.
Y claro… suena bien.
Muy bien, demasiado bien.
Pero aquí viene la pregunta incómoda:
👉 ¿Esto es un velero… o un crucero que ha descubierto que el viento queda bonito en el folleto?
Porque una cosa es usar el viento…
y otra muy distinta es depender de él.
Y ahí está toda la diferencia.
No me malinterpretes.
Que un barco de 220 metros incorpore propulsión a vela es una noticia excelente.
Que se reduzcan emisiones, mejor aún.
Que alguien en el lujo empiece a mirar al viento… eso sí es interesante.
Pero tampoco nos engañemos.
Ese barco no va a esperar al viento.
No va a cambiar de plan por una rolada.
No va a quedarse parado porque Eolo decida tomarse el día libre.
Nosotros sí.
Y ahí está la esencia.
El riesgo de todo esto —y aquí viene la parte fina—
es que se venda como “volver a la navegación a vela” lo que en realidad es otra cosa:
👉 optimizar el consumo del lujo.
Que está muy bien… pero no es lo mismo.
Porque navegar de verdad —y tú lo sabes— no es comodidad.
Es ajustar.
Es esperar.
Es equivocarte de rumbo y aprender.
Es escuchar el barco cuando cruje y entender lo que te está diciendo.
Eso no cabe en una suite de 70 metros cuadrados.
Ahora bien…
Si este gigante consigue algo importante,
no será por su lujo —que lo tiene—
ni por su tamaño —que impresiona—
Será por una cosa mucho más sencilla:
👉 recordarle al mundo que el viento sigue ahí.
Gratis.
Silencioso.
Y esperando a que alguien lo respete.
Así que sí. Bienvenido sea.
Pero con una condición: Que no olvidemos que esto no es el futuro de la vela…
es el futuro del negocio.
La vela de verdad…esa sigue siendo la de siempre.
La que no se compra.
La que se aprende.
Y la que, cuando te engancha…ya no te suelta nunca.
